Nuestras relaciones internacionales deben tener como orientación, el respeto de las libertades fundamentales, la preservación y la búsqueda de la paz, la práctica de la democracia política y el respeto de los derechos humanos.

Esos mismos principios son los que deben justificar la participación de nuestro país en fuerzas de paz o en apoyo armado o logístico, o la simple adhesión en acciones internacionales de guerra u ocupación. El combate al terrorismo internacional y al narcotráfico se incluyen dentro de estos conceptos.

La necesidad de desarrollar y potenciar nuestras relaciones y comunicaciones se refiere a todos los países y no sólo a  Europa y América del Norte. Debe darse particular atención a los nuevos protagonistas en el Este y el Oeste. En un mundo globalizado no es posible crecer aislados. La Argentina debe salir a conquistar nuevos mercados y nuevas alianzas, respetando las reglas que le impone su participación en las instituciones que caracterizan el orden mundial vigente

La incorporación de la Argentina a acuerdos regionales no debe excluir la búsqueda de la ampliación de las fronteras de nuestro comercio exterior en un marco multilateral.

La renuncia al uso de la fuerza y la aceptación del “paraguas” en el tratamiento de la soberanía en las negociaciones sobre las Islas Malvinas, no debe implicar el abandono del objetivo final de su reincorporación al territorio nacional por la vía de las negociaciones diplomáticas.

La diplomacia argentina debe caracterizarse por su excelencia y por su eficiencia. El ascenso se basará en el mérito: los nombramientos políticos deberán constituir limitadísimas excepciones solo de aquellos de capacidad, talento y condiciones objetivamente indiscutibles, tal como lo prescribe la Ley del Servicio Exterior.